Periodista Que Busque La Verdad, Está En Peligro De Muerte.

Han sido muy tristes y conmovedores, los homenajes póstumos de solidaridad periodística, por el múltiple crimen de los reporteros del periódico El Comercio de Quito, asesinados por guerrilleros de las Farc en algún lugar de la zona fronteriza entre Colombia y Ecuador.

El dolor, las silenciosas oraciones, los reconocimientos fúnebres y las sentidas notas de pesar, indignación y condena, reflejan las imágenes del despiadado mazazo moral asestado a la sociedad, la libertad y los derechos humanos.

Con todo esto y la creciente protesta unificada de un  periodismo que no debe seguir anestesiado, este diabólico atentado producto de la irracionalidad bélica, no puede quedar impune ni diluirse en medio de otra  de las tantas exhaustivas investigaciones que jamás fructifican y tras su fracaso claudican.

Por qué tenían que perder la vida; en qué circunstancias reales los mataron; por qué tantos sofismas y contradicciones  oficiales, como apenas unos de la infinidad de interrogantes, que deben ser resueltos urgentemente.

Tras semejante viacrucis, increíble que haya quienes se atrevan a pensar que el periodismo no es una profesión de máximo peligro, siendo que la desprotección, la inseguridad y los altos riesgos son parte inseparable de la profesión como pasión y compromiso de servicio.

Ahora más que nunca, las organizaciones periodísticas, las facultades y los medios de comunicación, están en la inaplazable obligación de exigir el restablecimiento de la condición del alto riesgo que inexplicablemente perdió el periodismo colombiano. De otra manera; el “Cuarto Poder, para qué?

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