SOMOS UN PAÍS, EN CRISIS.

Para ninguno de nosotros no es un misterio que el año que finaliza no fue nada venturoso para el país y si miramos las perspectivas del que vendrá, su tendencia será a empeorar si el gobierno y todos no nos hacemos un verdadero examen de conciencia y tenemos el valor de rectificar los errores cometidos.
La situación de orden público es de máximo peligro, los índices del DANE no coinciden con lo que siente el pueblo.
El déficit fiscal amenaza con acentuar el desequilibrio económico. Crece el gasto público. Se nos complica la vida por la invasión de venezolanos y sin posibilidades de empleo digno, el malestar social se generaliza.
Empezando por el presidente de la república sus consejeros y asesores, no solo están en la obligación de analizar la caótica situación nacional, sino de su personal desempeño frente al desafío de los hechos que en este 2.019 prosperaron en contra nuestra, dependerá lo que viene
Lo mismo le corresponde hacer al Congreso, dentro de la órbita de desprestigio general en que se debate, y no solo para rescatar el poder soberano de hacer las leyes sino para que la totalidad de sus miembros puedan exhibir con orgullo republicano la dignidad de sus derechos y obligaciones.
En tanto el gobierno por medio de la fuerza pública reasume la conservación del orden público nacional y acudiendo al ordenamiento de nuestra Constitución lleva a cabo la gran transformación económica y social que ha venido siendo postergada desde hace tanto tiempo, podríamos pensar que otros serían los vientos que por aquí soplarían.
Si algo de todo esto, se llega a realizar, puede ser posible que el 2.020 sea un año venturoso y totalmente distinto al que está a punto de sucumbir. De lo contrario que Dios se apiade de Colombia.

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