ALCALDE NO BAILARÁ, AL SON QUE QUIERAN IMPONERLE.

En estos días siguientes a la posesión del nuevo alcalde de Bucaramanga, Juan Carlos Cárdenas Rey, y ante las escaramuzas surgidas por la escogencia de la mesa directiva del concejo, salpicadas de truculencia y sucias maniobras urdidas por ciertos cofrades del oportunismo rapaz, se requiere la más ejemplar lucha para detectar y evitar la metástasis de estas siniestras células portadoras de los contagios, con los que esos engendros pretenden inocular este proceso independentista y democrático que con evidencias y claridad está registrándose.
La lucha contra la corrupción requiere ante todo de un buen ejemplo. Por eso resulta tan grave que los bumangueses de hoy sigamos asistiendo a la incubación de “concejales” poseídos por la corrupción y lo que es peor sin reaccionar.
La alcaldía de Bucaramanga y su concejo municipal tienen que volver a contar con los exponentes de los más altos estándares estéticos y morales. Allí tiene que comenzar la recomposición, salvamento y proyección de la nueva era por la que debemos batallar.
La transparencia de toda la administración pública tiene que empezar a irradiarse desde su palacio de gobierno y el concejo que no es otro que la junta directiva del municipio y es allí en la alcaldía donde debe emanar con mayor vigor el paradigma de la ética que debe estar inmerso en todos los eventos y asuntos de la vida cotidiana y que resulta indispensable para la convivencia en armonía y con respeto a la ley.

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