QUE NADIE SE AMPARE EN EL CUENTO DE LA LIBERTAD, PARA INJURIAR.

Las redes sociales son el medio de la sencillez, que con toda facilidad nos conecta vía celular con el mundo de la complejidad que nos rodea, sin importar que sean beneficiosas o peligrosas, pues la única restricción para acceder a ellas es contar con una conexión disponible.

Legalmente no existen normas que nos obliguen a responsabilizarnos sobre la credibilidad de lo que publicamos emitiendo nuestra opinión y menos exigencias sobre el respectivo conocimiento y dominio del tema, que por el “libertinaje de expresión”, nos deja en manos del desastroso, temido y caótico enemigo de la desinformación.

Hay que ver cómo se publican bestialidades basadas en juicios sin fundamento, atentando contra las instituciones, el honor y buen nombre de las personas, acudiendo repito, a
expresiones que por carencia de principios argumentales no tienen más improntas que las de la injuria y la calumnia.

Entendiendo que las redes sociales son una gran herramienta y extensión de nuestras posibilidades de buena utilidad, sin embargo debemos tomar precauciones como someter al proceso de validación todo aquello que leamos y así con buen criterio podamos
decidir si eso es verdadero o solo es una opinión fanática, amañada, malsana y frenética de cuanto deschavetado con ínfulas de notoriedad, le da por semejantes “calaveradas”.

Las redes sociales son un portal, una fábrica de contenidos comunicacionales, donde todas las opiniones deben ser respetuosas y valoradas, si es que evidentemente nos interesa la construcción de mejores ciudades.

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