POR AMOR A LOS MOTOCICLISTAS, QUE NO SIGAN «DOBLANDO» LAS CAMPANAS.

Son muy pocas las familias a las que por fortuna no las ha sorprendido la muerte violenta de uno de sus miembros, durante trágicos casos en los que, según las estadísticas, siete de ellos perecen diariamente en todo el territorio nacional, por lo que al finalizar este año no menos de 2 mil quinientos “motorizados” ya no harán parte de este mundo; claro está, si no es que el número de negocios dedicados a la venta de motocicletas aumenta y propicia el disparo de las cifras sobre fallecidos.

La facilidad de financiación, adquisición irresponsable, versatilidad, escaso consumo y bajo costo del combustible de una moto son sus atractivos, así como también la accidentalidad vial y los altos costos de los servicios fúnebres, son algunas de sus terribles amenazas.
El peligro es permanente por el excesivo tránsito de motos en cualquier calle de las ciudades, vías de las poblaciones y carreteras del país.

Sin embargo, ante las inmensas “ganas” de las personas por estos vehículos, ya sea para movilizarse o por trabajar, hay que exigir mayores controles para evitar tragedias como las que ocurren todos los días en cualquier lugar.

Se sabe que la gran mayoría de estos gravísimos hechos de sangre, es producto del irrespeto de normas de tránsito como semáforos en rojo, señales de pare, adelantamientos indebidos, excesos de velocidad y no usar los elementos apropiados de protección como el casco.
Oído. No todos los que tienen un percance en moto mueren, pero los más “afortunados” quedan mutilados o con lesiones que los martirizan por el resto de sus días, con sufrimientos que endosan a sus familias.

Las muertes no son debido a “accidentes viales” pues “accidentes” no existen, sino torpezas o imprevisiones que pueden costar la vida de alguien, o, cuando los irresponsables son los dos que se dan el encontronazo, digamos uno por conducir a excesiva velocidad y el otro por sobrepasar donde no debía; sumándosele a semejante “camándula” la desnaturalizada permisividad e inoperancia de las autoridades.
Por amor a los motociclistas, que no sigan “doblando” las campanas.

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