SEMANA SANTA, NO SERÁ.

Como, nunca antes este 2.020, será el año en el que viviremos una semana santa atípica, que nos servirá para poner a prueba nuestra espiritualidad, sentimiento religioso y entrega devocional, durante unos días carentes de vivencias, ceremonias y procesiones.

Será una Semana Mayor, diferente, distante del templo, sin feligreses ni expresiones masivas de fe.

Con un Domingo de Ramos sin el aroma vegetal de las palmas agitadas, ni los solemnes actos sacros con la liturgia de la confesión, la fragancia de las flores, olor a humo de cirio recién apagado y nostalgias de sus primeros días

El jueves no habrá olor a incienso, flores frescas, velones encendidos ni cuerpos apretujados en desfile de visitantes a los monumentos.

El Viernes Santo no habrá aire de pasión, sacrificio y muerte de Jesús, Sermón de las Siete Palabras y procesión del Santo Sepulcro, en el que se mezclaban confusamente, olores de flores gastadas, perfumes para honrar el cuerpo exánime del Señor, velas encendidas que se prendían y apagan con ese tenue rumor de los pasos arrastrados, de los cuerpos arremolinados, de las almas juntas en la oscuridad de las calles y en la también oscura vivencia interior y religiosa de los misterios conmemorados. todo esto tampoco se verá

Bueno y a qué huele el Sábado Santo; recordemos; huele a ausencia, separación, distanciamiento, desasosiego, pena, dolor y la misma incertidumbre que debieron sentir los discípulos del Crucificado, pero que este año no los percibiremos

Esperemos hasta saber cuál será el olor del Domingo de Pascua, fecha en la que como humanos volveremos por la Resurrección, tras el martirio del Coronavirus y el triunfo de nuestra fe verdadera, en ésta una semana santa totalmente distinta.

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